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¿Por qué el plástico sigue contaminando el planeta? ¿Cómo podemos solucionarlo?

En sus inicios, el plástico fue un descubrimiento verdaderamente revolucionario. Fue un sinónimo de progreso que, gracias a sus bajos costos de producción, y versatilidad de usos, se volvió el material que en muchos sentidos, define nuestra época. Hoy en día, su uso se ha vuelto tan común que concebir una sociedad sin plástico es difícil de concebir. A pesar de que actualmente existe un entendimiento general de que los plásticos son dañinos para el medio ambiente, colectivamente, los gobiernos, empresas e individuos han decidido que la comodidad y conveniencia que el plástico ofrece, supera con creces a sus riesgos. El reto actual es encontrar un reemplazo sostenible para el plástico. 

Es necesario distinguir que “plástico” es un conjunto de materiales – es un término que engloba miles de distintas sustancias. Comúnmente, se definen a los plásticos como materiales que pueden ser moldeados o formados bajo presión o calor. Actualmente, los plásticos son más certeramente caracterizados como polímeros, ya sean orgánicos o sintéticos. Son moléculas grandes compuestas de cadenas repetidas de moléculas más pequeñas, denominadas monómeros. Estos monómeros son combinados utilizando calor y presión por un proceso llamado polimerización. 

El discurso actual sobre reemplazar los plásticos con alternativas más sostenibles generalmente hace referencia a los plásticos derivados del petróleo, los cuales constituyen la vasta mayoría de polímeros sintéticos que se utilizan desde empaques hasta textiles. Sin embargo, existen plásticos hechos a partir de otras fuentes, como los llamados bioplásticos. 

Se habla de los bioplásticos como el camino hacia el futuro. Existen múltiples empresas en todo el mundo apostando por esta alternativa. Otros, en cambio, apuestan por materiales alternativos, como el plástico en base a Quitina. Existen aquellos que por su lado abogan por fibras naturales, materiales a base de hongos u otras alternativas. Existen muchas alternativas, pero ninguna soluciona el problema que propone el plástico a nivel general. Todas ofrecen soluciones a usos específicos como material de empaque, botellas o fundas de PET, pero ninguna alcanza la versatilidad, costos o escala del plástico tradicional. 

El mundo se ha vuelto tan dependiente de los plásticos a base de petróleo que buscar una alternativa que lo reemplace por completo es utópico. El plástico actual ha pasado por más de 100 años de desarrollo, dentro de los cuales hubieron incontables descubrimientos, avances e iteraciones que poco a poco lo volvieron más útil en cada vez más circunstancias. Por ello, no es posible encontrar una solución de la noche a la mañana o que se acople perfectamente a todos los casos de uso actuales.

Tal como las alternativas de las que se habla hoy, los usos iniciales del plástico fueron muy limitados. Previo al descubrimiento del plástico sintético, se utilizaron “plásticos” naturales por mucho tiempo. El cuerno, el carey (caparazón de tortuga), el ámbar y la goma laca fueron utilizados por mucho tiempo para hacer productos que actualmente se harían de plástico. Estos materiales, al ser polímeros, al calentarse, se vuelven maleables, por lo que podían ser usados para producir desde utensilios hasta ornamentos. 

Sin embargo, a mediados del siglo 19, con la industrialización de muchos productos, varios materiales derivados de animales se volvieron progresivamente más escasos. Uno de los ejemplos más relevantes fue el marfil. Dado que la caza de los elefantes los había llevado al borde de la extinción, por la demanda para artículos como teclas de piano y bolas de billar. Una historia similar fue de algunas especies de tortugas, que se utilizaban para hacer peines. 

La creciente demanda, y los retos de la oferta, llamaron la atención de inventores y empresarios. Pronto, muchos crearon patentes para materiales semi sintéticos basados en sustancias como el corcho, sangre o incluso la leche. Una de estas fue patentada en 1862, por un inventor de Birmingham, Alabama. Un artesano y químico local llamado Alexander Parkes disolvió fibra de algodón en ácido nítrico y sulfúrico para luego mezclarlo con aceite vegetal. Al hacer esto, inventó el nitrato de celulosa, un sustituto barato y colorido del marfil y el caparazón de tortuga.

A pesar de que Parkes, y su invento, la Parkesina no tuvieron éxito comercial, luego se convertirían en la base para una nueva era de materiales. El gerente de su fábrica junto con John Wesley Hyatt, un hombre de negocios, tomaron el invento de Parkes y con el fundaron la Compañía de manufactura de Celuloide. Este material se utilizó para manufacturar artículos que previamente fueron hechos de productos animales. 

Esto ayudo a democratizar el acceso a bienes de consumo y artículos culturales. Por su parte, el celuloide tuvo su mayor impacto cultural al ser útil para los rollos de celuloide utilizados para las primeras proyecciones cinematográficas. 

Si el celuloide fue la chispa que inicio la revolución del plástico, la bakelita fue la reacción en cadena que se desarrolló después. En 1907, Leo Bakeland patentó su invento, el primer plástico sintético, venciendo a su rival escoces James Swinburne a la oficina de patentes por un día. Su invención llevó el plástico a una explosión de consumo siendo utilizado en productos altamente cotizados pero económicos de producir.

Dentro de pocos años, las compañías petroleras y químicas comenzaron a formar alianzas para utilizar sus residuos y subproductos. El uso perfecto fue crear polímeros a partir de ellos. Uno de los más abundantes residuos fue el gas etileno, un subproducto de la compañía británica Imperial Chemical industries (ICI). Formada en 1926, esta empresa tuvo éxito comercial con sus productos plásticos en 1932. Un año después, se descubrió en un experimento fallido, el polietileno – un material maravilloso por ser resistente, flexible y resistente al calor. Hoy en día, es el plástico más abundante del mundo.

Los productos plásticos vieron usos en diversas áreas durante la segunda guerra mundial. Al terminar la guerra, con una infraestructura productiva ya establecida, compañías de todo ámbito comenzaron a utilizar estos ámbitos en telas como el Nylon hasta fundas de supermercado y reemplazos de rodillas y caderas artificiales. Un material tan valioso por su resistencia y durabilidad se convirtió en uno de los retos ambientales más grandes por esas exactas características. 

Las propiedades químicas que lo hacen tan útil, también lo hacen increíblemente difícil de darle disposición final; algunos plásticos toman miles, hasta decenas de miles, de años para degradarse en un relleno sanitario. El problema va más allá del tiempo que toman para biodegradarse. El problema ambiental que el plástico genera radica en su persistencia extrema, la contaminación por micro plásticos y la liberación de sustancias tóxica. 

Muchos de los problemas con los plásticos nacieron de los esfuerzos después de la segunda guerra mundial por reemplazar empaques de papel, vidrio y metal que comúnmente eran más costosos. Los más problemáticos de estos son las fundas de polietileno, los contenedores de poliestireno y las botellas de PET. Estos materiales resisten la degradación biológica. Se fragmentan en piezas más pequeñas, pero no desaparecen o se desintegran. Más bien, se filtran en ecosistemas y muchas veces terminan en los océanos. 

Al fragmentarse, piezas cada vez más pequeñas. En cierto punto, estos fragmentos llegan a ser micro plásticos – partículas de menos de 5mm – que se encuentran en el agua que respiramos, el agua que bebemos y los alimentos que comemos. Incluso se han encontrado micro plásticos dentro de pulmones y de placentas humanas. Estos micro plásticos y sus componentes poseen efectos adversos en diversos aspectos de la salud incluyendo disrupciones hormonales e incrementos en probabilidades de cáncer.

Esto es acompañado de la liberación de sustancias tóxicas que estos pueden generar. Aditivos como ftalatos y bisfenol-A (BPA) que son utilizados para darle ciertas características al plástico, pueden filtrarse, afectando la salud humana y la vida silvestre. 

Es común que los plásticos no solo terminen en ecosistemas terrestres; su destino final suele ser en el mar. Allí, estos residuos se convierten en una amenaza monumental para la vida marina, su hábitat y ecosistema. Ya sea por un mal manejo de residuos, por la industria pesquera, o por los ríos que actúan como “autopistas de basura”, cada año 11 millones de toneladas de plástico terminan en el océano.

“El problema no es el plástico. Es que lo hemos construido en torno a un modelo de usar y tirar, sin asumir las consecuencias”.  – Roland Geyer

El plástico trajo una era de progreso, incrementando el nivel global de vida y facilitando el acceso a recursos y productos previamente reservados solamente para grupos selectos de individuos. Un material tan revolucionario que volvió al mundo dependiente. 

Hoy, el problema de la contaminación por el plástico persiste porque el sistema global de producción y consumo no está diseñado para prevenir la contaminación, sino para maximizar ganancias. Esta diferencia en prioridades implica que el crecimiento de la economía ocurre a costa del medio ambiente. Existen varios factores que contribuyen a que no se resuelva el problema posicionado por el plástico.

  1. El plástico es barato y desechable. Por su naturaleza y sus propiedades químicas, el plástico puede ser producido de manera consistente a gran escala y a bajos costos. Producirlo nuevo cuesta menos que reciclarlo, especialmente porque el petróleo, su materia prima, está subsidiado por muchos gobiernos e industrias. 
  2. Falta de regulación efectiva. Aunque existen leyes contra los plásticos de un solo uso, su alcance es limitado. Menos del 10% de los países tienen políticas verdaderamente restrictivas. Adicionalmente, existe una falta de infraestructura adecuada para procesar el plástico u otros materiales reciclables, por lo que estos terminan en rellenos sanitarios sin poder ser reaprovechados. 
  3. Falta de responsabilidad empresarial. Muchas compañías productoras de plástico no son responsables de los desechos que generan. Las empresas muchas veces no adoptan prácticas de gestión de residuos adecuadas. Muchas veces, incluso los gestores que contratan no tienen la capacidad, experiencia o conocimiento para manejar adecuadamente todos los residuos generados. 
  4. El reciclaje es ineficiente. Tan solo el 9% del plástico mundial ha sido reciclado. Mucho termina siendo incinerado o en vertederos, y otra parte… en el mar. El reciclaje es un proceso increíblemente beneficioso para el medio ambiente, pero complejo de integrar en la economía. Dado que el costo de producir plástico nuevo es inferior al de reciclarlo, los productos reciclados comúnmente son más costosos. El reciclaje implica una complejidad operativa y logística dada la necesidad de recolectar, filtrar y procesar los residuos; en este proceso se degrada la calidad del plástico. Por eso es extremadamente necesario para las empresas contar con gestores ambientales calificados que puedan manejar los residuos de manera adecuada, con costos competitivos y que posean la capacidad operativa necesaria para cumplir con regulaciones y estándares.
  5. Falta de conciencia o compromiso. Aunque hay más campañas ambientales, muchas personas aún no conocen el impacto real de sus decisiones diarias. Y muchas empresas prefieren cambios simbólicos en lugar de estructurales.

Para reducir la contaminación del plástico, son necesarias iniciativas reales tanto a nivel individual como empresarial. 

Es relevante mencionar que la mayor parte de la contaminación a nivel mundial ocurre por parte de las empresas. Sin embargo, el cambio y la concientización individual son necesarias para generar un cambio real. Reducir el uso de plásticos de un solo uso, consumir de forma informada, separar correctamente residuos y exigir mejores políticas son actividades cruciales para generar un cambio real.

A nivel empresarial:

  1. Diseño responsable de productos. Usar materiales compostables o reciclables desde el diseño reduce el impacto total del producto.
  2. Economía circular. Implementar procesos donde los residuos se reintegren al sistema como nuevos recursos (reutilización, refill, recompra). Colaborar con proveedores calificados y gestores ambientales que implementen procesos de reaprovechamiento es necesario para convertir los residuos generados en recursos capaces de ser reintegrados en la economía. 
  3. Transparencia y trazabilidad. Informar al consumidor qué pasará con el empaque que está comprando y cómo puede devolverlo o reutilizarlo. Trabajar con proveedores ambientales que puedan ofrecer reportes de trazabilidad para asegurarse de una correcta gestión y un cierre de la cadena productiva.
  4. Inversión en innovación. Desarrollar alternativas reales al plástico convencional, como bioplásticos o sistemas sin empaque.
  5. Alianzas con gobiernos y ONGs. Para apoyar la infraestructura de recolección y reciclaje, especialmente en países en desarrollo.

El plástico no se va a dejar de usar de la noche a la mañana. Sin embargo, si es posible reducir su uso, especialmente en los casos donde este es más contaminante y menos necesario. Existen alternativas e iniciativas tangibles que pueden generar un cambio real. Tal vez más importante aún, es necesario para las empresas alejarse del plástico tradicional y gestionarlo adecuadamente por su posición competitiva en el mercado. Las expectativas de los consumidores y sus preferencias se orientan crecientemente a empresas con mayor sentido de responsabilidad ambiental tanto en su producción como en su manejo de residuos. Las empresas que manejen su parte ambiental adecuadamente serán aquellas que en el futuro se diferencien y sean más competitivas en el mercado. 

En este camino hacia un futuro con menos contaminación plástica, AVCORP está marcando la diferencia. Desde hace casi tres décadas, la empresa ha trabajado en transformar residuos en recursos útiles. 

AVCORP no solo recolecta plásticos y envolturas industriales, sino que los clasifica, procesa y revaloriza, evitando que terminen en ríos, mares o vertederos. Además, desarrolla tecnología ambiental para convertir residuos peligrosos y no peligrosos en materiales nuevos, contribuyendo a cerrar el ciclo de producción. En AVCORP ayudamos a empresas de todos los sectores a reducir su impacto ambiental y cumplir con las normativas más exigentes.

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